Prevenir o curar? Primera parte

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Tengo el inmenso placer de presentarles la primera parte de este interesante articulo, escrito por la nueva autora de nuestro blog, la arquitecta Laura Rosales, a quien tuve la oportunidad de conocer durante la formación del grupo de “Architetti Specialisti in Beni Architettonici e del Paesaggio” en Fb y Linkedin. La arquitecta Laura Rosales es especialista en Conservación y Restauración de Monumentos y Sitios (Politécnico de Milán). Con una experiencia profesional de mas de diez años, ha colaborado con estudios especializados en restauración arquitectónica en Bélgica, Italia y Argentina. Actualmente vive en Italia donde trabaja como arquitecta independiente dedicándose exclusivamente a proyectos de edificios catalogados a nivel internacional.

Prevenir o curar? El rol del mantenimiento preventivo en los bienes culturales (Primera parte).

Muy a menudo vemos edificios históricos en lamentable estado de abandono, a veces al borde del colapso. En el afán de evitar su derrumbe han sido “temporariamente” apuntalados quedando a la espera de una restauración “salvadora”. Sentimos mucha tristeza, casi impotencia. Nunca se han preguntado de que modo estas situaciones podrían evitarse?

Me gustaría compartir con ustedes mi experiencia de campo en el ámbito del mantenimiento preventivo aplicado específicamente a los bienes culturales. En esta ocasión quisiera ilustrarles las ventajas y los beneficios que esta estrategia de prevención ofrece, cuando viene puesta en práctica en la gestión de un monumento.

Utilizando como ejemplo el proyecto de conservación de “Cementerio Ciudadano de Hasselt”, – Stedelijk Kerkhof Hasselt – en Bélgica, del cual he sido responsable en calidad de arquitecta colaboradora del estudio “Erik Martens & Partners”, de Maaseik (Bélgica), quisiera introducir en esta primera parte del escrito, la grave condición de deterioro, a veces irreversible, que se presenta muy a menudo como consecuencia inexorable de la falta de mantenimiento preventivo en un edificio protegido.

En la segunda parte, analizaré la relevancia del mantenimiento preventivo como instrumento de prevención, enfatizando su eficacia cuando es incorporado en un marco legislativo coherente que promueve y fomenta su aplicación.

Que se entiende exactamente por mantenimiento preventivo? Es la extensión de una intervención de restauración en el tiempo, entendida como una fase sucesiva de esta, que asume un rol crucial en el mantenimiento del mejoramiento alcanzado durante las obras realizadas. A través de la supervisión sistemática y constante del inmueble en cuestión, se puede evitar la obsolescencia en poco tiempo de las obras de restauración realizadas. De este modo se limita también la necesidad de ejecutar nuevas intervenciones de conservación extraordinarias, de costos bien notables.

El plan de mantenimiento es el “instrumento ejecutivo” del mantenimiento preventivo. Su puesta en practica nos permite obtener una “visión global” y a largo plazo de la condición de conservación del monumento. Entre las innumerables ventajas de adoptar este enfoque, resalto el considerable ahorro económico, directamente vinculado a una racionalización de los gastos destinados a las obras de restauración, que se distribuyen en el tiempo, gracias a la planificación a largo plazo de las obras preventivas necesarias para mantener “sano” el edificio.

Una historia belga: el viejo cementerio ciudadano de Hasselt

El viejo Cementerio Ciudadano de Hasselt es un edificio con protección patrimonial que se encuentra delimitado con una muralla histórica, construida en 1807, en ladrillo visto con contrafuertes. Una porción de estas estructuras se encontraba apuntalada para evitar su colapso. Una intervención de conservación urgente era necesaria para salvar la autenticidad del monumento. El proyecto de urgencia incluía, además de la muralla, el monumento conmemorativo a los soldados belgas caídos durante la primera guerra mundial, construido en 1929 en ladrillo visto, piedra azul y “gres” belga. 

El cercado del cementerio, al momento de la primera inspección, se encontraba en un estado de degradación muy avanzado, causado principalmente por la falta de mantenimiento rutinario. Una serie de intervenciones previas, inadecuadas e incompatibles con las estructuras existentes, sumado al crecimiento descontrolado de vegetación espontanea, habían contribuido y acelerado el deterioro de la construcción, comprometiendo estructuralmente los muros de ladrillo a vista y especialmente el monumento a los caídos, que representaba un riesgo inminente para los transeúntes y los visitantes. 

Las raíces de las plantas se habían introducido en el interior de los muros creando fracturas y desprendimientos de partes enteras de la mampostería. Como consecuencia, la estructura se encontraba debilitada, inestable y sujeta a infiltraciones de agua meteórica, fenómeno agravado por el deterioro de la albardilla a dos aguas que remata el muro, destinada originariamente a protegerlo de inclemencias climáticas.

Puede parecer obvio y banal, pero una acción preventiva tan simple como el cuidado de la vegetación circundante y el control del crecimiento de arbustos y plantas, habría atenuado enormemente el daño observado, y prevenido seguramente la pérdida irreversible de parte del material original del monumento.

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